lunes, 25 de agosto de 2008
Un domingo a la noche
APRENDER A ESPERAR
Un domingo a la noche, mi marido y mis hijos se habían bajado del auto para alquilar una película para festejar el fin de las vacaciones de invierno.
Mientras esperaba, veo aparecer un carro con dos chicos, uno más grande y otro más chico. Pararon y empezaron a revolver un contenedor de basura en busca de cartones. De repente vi algo que me dejó conmovida. Empezaron a comer de la basura.
Yo me pregunto, y lo digo en primera persona ¿Saben nuestros hijos cuantas cosas no necesitan?
Estamos en una sociedad que es una máquina de crear necesidades. En realidad de fabricar DESEOS, que no es lo mismo.
Desear y necesitar son dos cosas bien distintas.
Como seres humanos necesitamos afecto, aprecio, un hogar, alimento, vestimenta, etc.
Los deseos son INCULCADOS. Provienen de la ocurrencia, del capricho, “ayudado” por una ola consumista sin precedentes, y a otra cosa.
Muestra de ello es la cantidad de cosas o juguetes que nuestros hijos “necesitan” con una urgencia apabullante y a la semana siguiente están tirados, olvidados en algún cajón.
La verdad es que nosotros, los adultos, también somos parte de ésta sociedad consumista y los primeros en tener dificultad para “distinguir entre deseos y necesidades”. A veces justificamos las compras con unos argumentos increíbles.
Creo que todos los padres coincidimos en lo mismo. Los chicos tienen de todo y se aburren más que nunca.
Sería digno de analizar esta ecuación. Justamente, porque no deben desearlo, esperarlo, ansiarlo demasiado, no es valorado.
Estamos en el mundo de la INMEDIATEZ. Todo debe ser YA. Pero en los seres humanos, para lograr un crecimiento equilibrado y saludable, la cosa no funciona así. Justamente es al revés. Todo lo que consideramos valioso es aquello que tuvimos que esforzarnos y trabajar para obtenerlo. TODO LO QUE CUESTA VALE, Y TODO LO QUE VALE CUESTA.
Los hijos deben también hacer este aprendizaje fundamental y somos los padres los responsables de enseñar a los hijos el valor de las cosas. Dicho aprendizaje no se logra diciéndole cuanta plata nos costó, sino:
- enseñándole a distinguir lo que realmente necesita, de lo que no.
- lo que se va a comprar sea acorde al uso que se va a dar. Por ejemplo si va a aprender guitarra, no hace falta comprarle una profesional que luego puede quedar apolillada en un placard porque ya se aburrió.
-que se justifique la compra porque no está en condiciones de seguirse usando y no para tener una nueva porque sí, o porque “todas” lo usan.
-enseñándole a cuidar lo que tiene, que las cosas se usen y se guarden correctamente.
- que puedan desprenderse de su ropa “en condiciones” para otro que la necesita.
- a no ser “marqueros” que generalmente es más caro solo por el nombre.
- Que aprendan a esperar.
Mi experiencia de madre me indica que cuanto menos tienen, más aprenden a gozar de lo que sí tienen.
Me encanta cuando llevo a mis hijos al campo observar como juegan con “nada”, en realidad con todo, con ellos mismos, con su creatividad, con su ingenio, con su fantasía y su imaginación.
Me hace reflexionar sobre qué importante es dar lugar a la fantasía para que surja el verdadero juego. La televisión la computadora, son ladronas del tiempo y del crecimiento de nuestros hijos. A veces habrá que aguantar caras largas y el tal mentado “estoy aburrido” “no tengo nada para jugar”, y reconozco que no es cosa fácil. Pero si logramos superar dicho trance, descubriremos cuantas cosas los hijos NO NECESITAN, y qué felices pueden ser.
HASTA LA PRÓXIMA, MALALA
Un domingo a la noche, mi marido y mis hijos se habían bajado del auto para alquilar una película para festejar el fin de las vacaciones de invierno.
Mientras esperaba, veo aparecer un carro con dos chicos, uno más grande y otro más chico. Pararon y empezaron a revolver un contenedor de basura en busca de cartones. De repente vi algo que me dejó conmovida. Empezaron a comer de la basura.
Yo me pregunto, y lo digo en primera persona ¿Saben nuestros hijos cuantas cosas no necesitan?
Estamos en una sociedad que es una máquina de crear necesidades. En realidad de fabricar DESEOS, que no es lo mismo.
Desear y necesitar son dos cosas bien distintas.
Como seres humanos necesitamos afecto, aprecio, un hogar, alimento, vestimenta, etc.
Los deseos son INCULCADOS. Provienen de la ocurrencia, del capricho, “ayudado” por una ola consumista sin precedentes, y a otra cosa.
Muestra de ello es la cantidad de cosas o juguetes que nuestros hijos “necesitan” con una urgencia apabullante y a la semana siguiente están tirados, olvidados en algún cajón.
La verdad es que nosotros, los adultos, también somos parte de ésta sociedad consumista y los primeros en tener dificultad para “distinguir entre deseos y necesidades”. A veces justificamos las compras con unos argumentos increíbles.
Creo que todos los padres coincidimos en lo mismo. Los chicos tienen de todo y se aburren más que nunca.
Sería digno de analizar esta ecuación. Justamente, porque no deben desearlo, esperarlo, ansiarlo demasiado, no es valorado.
Estamos en el mundo de la INMEDIATEZ. Todo debe ser YA. Pero en los seres humanos, para lograr un crecimiento equilibrado y saludable, la cosa no funciona así. Justamente es al revés. Todo lo que consideramos valioso es aquello que tuvimos que esforzarnos y trabajar para obtenerlo. TODO LO QUE CUESTA VALE, Y TODO LO QUE VALE CUESTA.
Los hijos deben también hacer este aprendizaje fundamental y somos los padres los responsables de enseñar a los hijos el valor de las cosas. Dicho aprendizaje no se logra diciéndole cuanta plata nos costó, sino:
- enseñándole a distinguir lo que realmente necesita, de lo que no.
- lo que se va a comprar sea acorde al uso que se va a dar. Por ejemplo si va a aprender guitarra, no hace falta comprarle una profesional que luego puede quedar apolillada en un placard porque ya se aburrió.
-que se justifique la compra porque no está en condiciones de seguirse usando y no para tener una nueva porque sí, o porque “todas” lo usan.
-enseñándole a cuidar lo que tiene, que las cosas se usen y se guarden correctamente.
- que puedan desprenderse de su ropa “en condiciones” para otro que la necesita.
- a no ser “marqueros” que generalmente es más caro solo por el nombre.
- Que aprendan a esperar.
Mi experiencia de madre me indica que cuanto menos tienen, más aprenden a gozar de lo que sí tienen.
Me encanta cuando llevo a mis hijos al campo observar como juegan con “nada”, en realidad con todo, con ellos mismos, con su creatividad, con su ingenio, con su fantasía y su imaginación.
Me hace reflexionar sobre qué importante es dar lugar a la fantasía para que surja el verdadero juego. La televisión la computadora, son ladronas del tiempo y del crecimiento de nuestros hijos. A veces habrá que aguantar caras largas y el tal mentado “estoy aburrido” “no tengo nada para jugar”, y reconozco que no es cosa fácil. Pero si logramos superar dicho trance, descubriremos cuantas cosas los hijos NO NECESITAN, y qué felices pueden ser.
HASTA LA PRÓXIMA, MALALA
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