jueves, 10 de julio de 2008
Que nada nos quite la esperanza
En una charla que tuve con unas familias en el colegio donde trabajo como orientadora familiar, una de ellas me comentaba sus dudas y temores sobre una decisión que habían tomado.
En ésta decisión habían priorizado un valor que para ellos era muy importante: la integración de una de sus hijas con capacidades diferentes.
Trajeron a todos sus hijos a éste colegio, porque su hija fue aceptada, igual que todos, como una más.
Por supuesto, que llegaron los propios cuestionamientos: “¿estaremos siendo justos con los otros hijos al cambiarlos también de colegio?”. Y junto con ello, los temores de no estar haciendo lo correcto.
Me sentí reflejada en ésta familia, en sus sentimientos y preocupaciones.
Esto me recordó que muchas veces los padres experimentamos el sufrimiento que causa la duda cuando sostenemos un valor contracorriente, porque es difícil o simplemente porque no está “de moda”.
Es inevitable el temor de “causar dolor a nuestros hijos”. Pero…
A los hijos no solo hay que darles con QUE vivir sino un PARA QUE vivir…
Justamente, el poder descubrir que tenemos UN PARA QUE, es lo que hace que la vida de cada ser humano sea única, irremplazablemente VALIOSA.
Lo primero que educa es el propio ejemplo. Un ejemplo de que hay convicciones, -UN PARA QUE- por lo que vale la pena jugarse. Entonces debemos actuar según lo que creemos que debemos hacer,… tenemos que ser PADRES.
Decía este papá: “No sé si es la mejor decisión, tampoco estoy seguro de tener LA VERDAD sobre el tema, solo sé que es lo que creo que tengo que hacer por el bien de mi familia. Y no puedo actuar en contra de mi conciencia, sería una incoherencia que mis hijos, y yo mismo, algún día, podría reprocharme.”
Educar implica muchas veces NAVEGAR en un mar de incertidumbres…con nubes y tormentas de compañeras, sin ver siquiera una punta de la otra orilla…
Lo importante es SIEMPRE tener bien claro cual es nuestro norte, que queremos para nuestros hijos…
Claro que en una sociedad como la actual dónde nada se sostiene y los valores no “permanecen más allá de las “ganas”, no es fácil apostar a un futuro que no se ve…
Entonces… ¿De dónde puede provenir la FORTALEZA a todos los padres para educar en valores?
¿Como puede no decaer la intensidad de la lucha cuando la duda, el temor a equivocarse o a “perder el cariño de los hijos se hace patente?
La respuesta es DEL AMOR VERDADERO… Un amor, que no debe buscar “sentirse bien” sino el bien de quienes ama.
¿Y COMO?
Apoyándonos con FE en la fuerza de los valores que queremos transmitir y que dan verdadero sentido a la vida… la Fe es la certeza de lo que se espera y no se ve…
¿Y qué esperamos los padres? Que los hijos sean felices… Una persona muy sabia decía “lo que se necesita para ser feliz no es una vida cómoda sino un CORAZÓN ENAMORADO”.
Los valores que hoy enseñamos a nuestros hijos no los VEMOS siempre reflejados en el presente, sin embargo la Fe en ellos nos alimenta la confianza en que en el tiempo oportuno darán su fruto… Ese FRUTO, aunque todavía no lo alcancemos, aunque sea futuro, HOY está llenando nuestro presente, con… la ESPERANZA.
Una esperanza que nada ni nadie nos puede quitar, una esperanza que se expresa y alimenta nuestra lucha cotidiana por enamorar nuestro corazón y el corazón de quienes más amamos: NUESTRA FAMILIA.
HASTA LA PROXIMA, MALALA
En ésta decisión habían priorizado un valor que para ellos era muy importante: la integración de una de sus hijas con capacidades diferentes.
Trajeron a todos sus hijos a éste colegio, porque su hija fue aceptada, igual que todos, como una más.
Por supuesto, que llegaron los propios cuestionamientos: “¿estaremos siendo justos con los otros hijos al cambiarlos también de colegio?”. Y junto con ello, los temores de no estar haciendo lo correcto.
Me sentí reflejada en ésta familia, en sus sentimientos y preocupaciones.
Esto me recordó que muchas veces los padres experimentamos el sufrimiento que causa la duda cuando sostenemos un valor contracorriente, porque es difícil o simplemente porque no está “de moda”.
Es inevitable el temor de “causar dolor a nuestros hijos”. Pero…
A los hijos no solo hay que darles con QUE vivir sino un PARA QUE vivir…
Justamente, el poder descubrir que tenemos UN PARA QUE, es lo que hace que la vida de cada ser humano sea única, irremplazablemente VALIOSA.
Lo primero que educa es el propio ejemplo. Un ejemplo de que hay convicciones, -UN PARA QUE- por lo que vale la pena jugarse. Entonces debemos actuar según lo que creemos que debemos hacer,… tenemos que ser PADRES.
Decía este papá: “No sé si es la mejor decisión, tampoco estoy seguro de tener LA VERDAD sobre el tema, solo sé que es lo que creo que tengo que hacer por el bien de mi familia. Y no puedo actuar en contra de mi conciencia, sería una incoherencia que mis hijos, y yo mismo, algún día, podría reprocharme.”
Educar implica muchas veces NAVEGAR en un mar de incertidumbres…con nubes y tormentas de compañeras, sin ver siquiera una punta de la otra orilla…
Lo importante es SIEMPRE tener bien claro cual es nuestro norte, que queremos para nuestros hijos…
Claro que en una sociedad como la actual dónde nada se sostiene y los valores no “permanecen más allá de las “ganas”, no es fácil apostar a un futuro que no se ve…
Entonces… ¿De dónde puede provenir la FORTALEZA a todos los padres para educar en valores?
¿Como puede no decaer la intensidad de la lucha cuando la duda, el temor a equivocarse o a “perder el cariño de los hijos se hace patente?
La respuesta es DEL AMOR VERDADERO… Un amor, que no debe buscar “sentirse bien” sino el bien de quienes ama.
¿Y COMO?
Apoyándonos con FE en la fuerza de los valores que queremos transmitir y que dan verdadero sentido a la vida… la Fe es la certeza de lo que se espera y no se ve…
¿Y qué esperamos los padres? Que los hijos sean felices… Una persona muy sabia decía “lo que se necesita para ser feliz no es una vida cómoda sino un CORAZÓN ENAMORADO”.
Los valores que hoy enseñamos a nuestros hijos no los VEMOS siempre reflejados en el presente, sin embargo la Fe en ellos nos alimenta la confianza en que en el tiempo oportuno darán su fruto… Ese FRUTO, aunque todavía no lo alcancemos, aunque sea futuro, HOY está llenando nuestro presente, con… la ESPERANZA.
Una esperanza que nada ni nadie nos puede quitar, una esperanza que se expresa y alimenta nuestra lucha cotidiana por enamorar nuestro corazón y el corazón de quienes más amamos: NUESTRA FAMILIA.
HASTA LA PROXIMA, MALALA
Suscribirse a:
Entradas (Atom)