lunes, 26 de mayo de 2008

Sobre los límites

Un día a la salida del colegio de mis hijas, mientras tenía una de esas esperas ricas en charlas con otros padres, un papá de una nena de 2 años comentaba que ya no sabían que hacer con ella para que se fuera a dormir. Ya habían agotado los cuentitos, los ositos, las canciones, las promesas, y todas sus variantes. Ya rendidos decidieron llevarla a la cama un ratito con ellos, para ver si el angelito por fin conciliaba el sueño. No habían pasado 5 minutos que la pequeña rebelde dormía a pata suelta. “La niña, al final se salió con la suya,… y los padres…”

Más allá de la situación risueña, sin ánimo de juzgar a nadie, y que tantas veces se repite con éste paisaje o con otros parecidos; no quiere comer, no se quiere cambiar, no se quiere bañar y largos etc., qué importante es y cuan difícil se nos hace a los padres poner… LIMITES.

Podemos erróneamente pensar: “son tan chiquitos, déjalo, ya va a aprender”. Pero poner límites es un verdadero acto de amor. Brindan contención, seguridad y lo más importante es que son fuente de equilibrio emocional.

Los límites le enseñan a ubicarse en el mundo. A promover la apertura hacia los otros. Un niño a través de los límites aprende que no es el único que existe, que los demás no están solo para satisfacer sus deseos o caprichos, que muchas veces debe considerar las necesidades de los demás y que también tienen derechos. Se prepara así para enfrentar innumerables frustraciones que tendrá y seguramente no podremos evitar… ¿o si?

Los hijos no nacen sabiendo lo que está bien o está mal, somos los padres los primeros responsables de educarlo.

Los niños sin límites tienen, con el tiempo, verdaderos problemas de conducta, de concentración, de respeto, de rendimiento escolar.

Aquellos padres que creían provocarle un trauma si le ponían límites en realidad desconocen los verdaderos trastornos que tienen los niños con falta de límites.

Hoy parece ser un crimen contra la humanidad el poner límites a los hijos pero solo sabrá decirse “no se debe hacer” aquel que de niño aprendió que hay muchas cosas que se pueden hacer y que muchas otras no se pueden ni deben hacerse por más placer que causen.

No bajemos nunca los brazos, y si lo hacemos, volvamos a juntar fuerzas para volver a empezar, SOMOS PADRES, nadie podrá reemplazarnos jamás, y no nos olvidemos que las cosas que se aprenden en familia permanecen para siempre.

HASTA LA PRÓXIMA, MALALA

1 comentario:

Unknown dijo...

Los "chiquitos" y no tan "chiquitos" vamos a aprender si se nos educa y se nos enseña lo que esta bien y lo que esta mal.
Poner límites es una tarea difícil, pero necesaria. Límites que sean razonables, sin caer en el "porque yo lo digo y punto" ni tampoco en largas explicaciones; es un acto de amor y no de autoritarismo.
Son necesarios para el equilibrio emocional y ayudan a formar personas íntegras, responsables, respetuosas. Nos preparan para la vida.